Cuando el vaso es más caro que el contenido

El café: un bien de primera necesidad para muchos madrugadores que necesitan hacer frente a intensas jornadas laborales sea cual sea su ámbito. Hace apenas unos años, ésta rutina (o placer, si es en tiempo libre) se conformaba con establecerse en las cafeterías, centros de trabajo o domingos hogareños. Hoy, lo más novedoso es también lo más común: el café para llevar.

La sociedad tiende a ir cada vez más deprisa, en un mundo donde la mayoría de los quehaceres tienen que estar terminados para ayer, poca gente se puede permitir el lujo de sentarse a pasar el rato delante de un café, al menos, entre semana. Hasta aquí todo normal: prisas, agobios estrés, bla, bla, bla. Pero, ¿qué pasa cuando el café para llevar se convierte en una moda? ¿cuando se le da más importancia al hecho de llevar el vaso y aparentar llegar tarde a algún sitio que el mero hecho de tomar café? Aquí es cuando llega Starbucks.Ésta famosísima y poderosísima cadena de cafeterías inauguró el pasado octubre su primer establecimiento en Bilbao, algo que muchos ciudadanos celebraron: ‘¡Qué bien!, ¡Ya no parecemos unos paletos!’. A riesgo de ganarme más de un enemigo, me atrevería a decir que ninguno de ellos ama el buen café. Cuando se le comienza a dar más importancia a la imagen de marca que al producto que la misma ofrece, cuando se pueden permitir cobrar hasta tres euros por algo que frecuentemente no cuesta más de euro y medio, es que hay un problema moral.

Starbucks abrió su primer local en Bilbao en octubre del año pasado Vía ElCorreo

Starbucks abrió su primer local en Bilbao en octubre del año pasado Vía ElCorreo

Las colas comienzan desde bien entrada la mañana y no se desvanecen hasta la hora de cierre; los primeros días de apertura la gente estuvo dispuesta a esperar cuarenta minutos por un Frappuccino. Sí, exacto, ‘Frappuccino’, porque el café con leche ya no se lleva, es mejor añadir tres cuartas partes de leche para que apenas se note el café, que yo vengo a por el vasito y a subir mi foto a Instagram.

Este hecho no me molestaría tanto si solo fuese simple ‘postureo’. El mayor problema es que los establecimientos hosteleros de alrededor no paran de perder clientes. Sus barras repletas de pintxos y sus cafeteras hace más de cinco meses que pasan por su peor momento, y no parece que la cosa vaya a mejorar con el tiempo.

La solución es tan sencilla como obvia: olvidarse de aparentar y echar un vistazo a nuestro alrededor, animarse a descubrir esos bares que tan desapercibidos pasan que nuestro Botxo ofrece, porque ahí es donde verdaderamente está la calidad y la esencia de Bilbao.

One Comment

  • aintzane

    Hola, chica del paraguas:

    Totalmente de acuerdo contigo. Estamos en un mundo en el que aparentar es más importante que ser, y es una pena, porque perdemos nuestra esencia, nuestro ser… Es por eso que soy de ese grupo de personas que pasa de multinacionales que solo venden gracias a un buen marketing, y no de contenidos precisamente. En este caso si yo quiero un café voy a un bar que gustosamente, y si así lo deseo, me lo ponen para llevar, ¡con pajita y todo! Dejemos de aparentar lo que no somos y seamos, que es lo que importa. ¡Ah! y para tomar un buen café, con cariño y cantarín, os recomiendo la cafetería-restaurante Menphis en la calle Iparraguirre.

    Aintzane, la de Viana 😉

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