Colombo: fusión de cocina moderna y tradicional

Desde su apertura había tenido una visita pendiente a este restaurante en pleno centro de Bilbao, pero los planetas se habían alineado para que no lo hiciese. La semana pasada por fin pude disfrutar de la carta del restaurante Colombo, eso sí, con la cartera preparada, porque sus precios son considerablemente más altos que los locales que acostumbro a frecuentar.

Una de las razones por las que me moría de ganas de comer en el restaurante es porque, mientras paseas por esta calle de Bilbao, es inevitable echar un vistazo para ver qué se cuece ahí dentro: un espacio diáfano plagado de mesas y sofás sin llegar al punto de resultar agobiante y con las paredes repletas de recuerdos del Bilbao más industrial. Está claro: el dueño (que se rumorea que es a su vez el propietario de El Dinámico, Dúplex y El Pacífico, todos en la zona de Indautxu) sabe que los de Bilbao nos sentimos orgullosos de nuestra villa y hay que lucirlo.

Tempura de verduras

Comenzamos con unas tiras de pollo rebozado y tempura de verduras como entrantes, dos de los menos innovadores en la carta – somos animales de costumbres – y con sus obligatorias copitas de vino. Tras pasar sin pena ni gloria por la mesa; pero no sobrando ni una miga, eso sí, llegaron los segundos.

Como buena fan de las hamburguesas que soy, esté en el restaurante que esté, no pude evitar pedir la Bacon Cheese Burguer con sus obligatorias y perfectas patatas. Lo más positivo es que de una vez por todas el chef hizo caso a mis plegarias y la carne estaba muy hecha y bien acompañada con el bacon cocinado en su punto y un buen queso.

Una buena hamburguesa, aunque pasó desapercibida entre los elogios de mis acompañantes hacia sus platos de arroz meloso picante y salteado de langostinos. Con el picante justo, el arroz pasó por toda la mesa porque “teníamos que probarlo” y no era de extrañar: el punto estaba pillado a la perfección.

Por su parte, tanto la presentación como el sabor del salteado de langostinos pasaron la prueba con nota, aunque dejando con ganas de postre por la escasez de su ración.

Restaurantes Bilbao

 

¡No se hable más! Si hay que pedir postre, se pide, y eso hicimos (pero para compartir, eso sí, que estamos en plena operación bikini) con la torrija con helado, que logró dejarnos con el estómago lleno pero no consiguió embaucarnos lo suficiente.

Después del cafecito, salimos del restaurante con una sensación agridulce: una comida agradable, propiciada por su ubicación y decoración, pero con no demasiados recursos como para justificar algunos de sus precios.

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